Bajabas a la cuarta planta, a ti los décimos nunca te llegar a respetar.
Allí las paredes tenían menos luz pero tú llegabas a leer más. Las ventanas abiertas y los ojos cerrados. Siempre esperando el eclipse lunar que te haría erizar la piel. Y es que lo tuyo no son lugares, ni plantas bajas. Lo tuyo son los extremos, los vértigos.
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