sábado

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Ataca, claro que atacan, y sin piedad sobre esa superficie resbaladiza, pero es que todas esas armas, le están sirviendo, ellos no se cansan, no paran, no cesan.
Y ahí están como si fuera el primer día, sin parar de herir, de abrir la herida, de formar círculos, de sangrar.

Aquel cuerpo doliente, no podía quebrar sus huesos sin pájaro en mano, y es que esta vez había perdido las plumas que le hacia más ligera, y no te vuelvas valiente, porque saltar ahora sería un vacío sin retorno, que no llega a ningún afluyente de agua.
Caía, caía, para no cesar nunca, ese era el plan, dejar que todo corriera en ese maremoto de ideas, y que nunca dejaran huella, "la rapidez es lo que tiene", decías en media voz, para no creértelo ni tú.
Sucedías, en presente inverso a todo lo que te rodeaba, no eras quebrante, quebradiza, corriente ni marea, no eras nada de eso, hacía demasiado tiempo que todo aquello desapareció y te atabas a ese árbol seco que ya no te alimentaba. Querías engañar al mundo, y tú, tú eras la única persona que vivía en el hemisferio de la mentira.

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