Y ahora que no sucedes, dueles tú y todo tu alrededor. Eres el estomago que tiene que doblarse para dejar de doler, para dejar que la angustia que llega a la garganta, ese ácido que ataca a las papilas deje de ser el principal problema de tu cuerpo. Eres el agua que pica en los ojos pero nunca sale, que se hace piscina en el Iris.
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